¿Qué hago si mi obra de arte llega dañada?
Que una obra de arte llegue dañada es una de las situaciones más frustrantes que existen. Y aunque muchas veces se piensa que el problema empieza en el transporte, la realidad es que la mayoría de los conflictos se originan antes de que la obra salga: en el embalaje, en el tipo de servicio elegido y en no haber definido bien si el envío iba asegurado o no.
Actuar rápido es importante, sí.
Pero haber hecho las cosas bien desde el principio lo es mucho más.
Lo primero que hay que entender (y casi nadie explica)
Cuando una obra llega dañada:
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No todos los daños son reclamables.
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No todos los embalajes sirven para todos los servicios.
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No todos los envíos están asegurados, aunque el cliente crea que sí.
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Y si no se han seguido ciertos pasos previos, aunque la obra esté dañada, no habrá nada que reclamar.
Aquí es donde la intermediación marca la diferencia.
La importancia de elegir el embalaje adecuado (caso a caso)
Uno de los errores más habituales es pensar que existe un “embalaje estándar” para obras de arte. No lo hay.
En EnviArte analizamos siempre:
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Tipo de obra.
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Valor.
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Fragilidad.
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Tipo de transporte.
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Ruta.
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Número de manipulaciones previstas.
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Si hay seguro o no.
Ejemplos reales:
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Un envío Frankfurt → España en un grupaje de arte con colaboradores de máxima confianza puede viajar correctamente con burbuja y protección flexible.
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Un envío Madrid → Salamanca puede requerir caja de madera si hay manipulaciones, transbordos o falta de control.
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Una obra pequeña puede ir por courier, pero solo si el embalaje es compatible con el número de manipulaciones que ese servicio implica.
No es la distancia lo que manda.
Es el riesgo real del servicio.
¿Qué pasa cuando no hay asesoramiento previo?
Cuando no hay un intermediario especializado:
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El embalaje se decide “a ojo”.
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El servicio se elige por precio, no por riesgo.
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El seguro no se analiza (o directamente no se contrata).
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Nadie documenta correctamente el proceso de embalaje.
Y cuando la obra llega dañada, empiezan los problemas:
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El transportista se desentiende.
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El seguro (si existe) pide documentación que no se tiene.
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El cliente descubre que no se puede reclamar.
El seguro: decisión clave antes del envío, no después
Otro punto crítico es el seguro.
Antes de enviar una obra hay que decidir:
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¿Se quiere asegurar o no?
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¿Por qué valor?
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¿Bajo qué condiciones?
Si hay seguro:
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El embalaje debe cumplir ciertos estándares.
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El proceso de embalaje debe documentarse (fotos, fases).
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Los daños deben notificarse normalmente en las primeras 24 horas desde la recepción.
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Sin estas pruebas, el seguro no responde, aunque el daño sea evidente.
Si no hay seguro:
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Hay que asumir que la capacidad de reclamación es muy limitada.
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Y actuar en consecuencia desde el minuto uno.
Esto no se improvisa cuando la obra ya está rota.
¿Qué hacer si la obra llega dañada?
Si aun así ocurre, los pasos correctos son:
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No manipular la obra más de lo necesario
Antes de mover, restaurar o tocar, documentar. -
Documentar inmediatamente
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Fotos claras del daño.
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Fotos del embalaje exterior e interior.
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Fotos del estado en el momento de la apertura.
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Notificar en plazo
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A quien haya gestionado el transporte.
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Dentro de los plazos exigidos (especialmente si hay seguro).
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No tomar decisiones precipitadas
Reparar sin autorización puede invalidar cualquier reclamación.
Con un intermediario, estos pasos ya están claros.
Sin él, muchas veces se hacen tarde o mal.
Por qué la intermediación vuelve a ser clave
Cuando hay un intermediario especializado en logística de arte:
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Se recomienda el embalaje adecuado para cada servicio.
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Se define correctamente si conviene courier, carga aérea, terrestre o marítima.
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Se decide con criterio si el envío debe ir asegurado.
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Se documenta el proceso desde el origen.
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Y si hay un daño, se sabe exactamente cómo actuar.
No se trata de eliminar el riesgo (eso no existe), sino de controlarlo.
Conclusión
Cuando una obra llega dañada, el problema no suele estar solo en el transporte.
Está en no haber analizado bien el embalaje, el servicio y el seguro antes de enviar.
En logística de arte:
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No hay fórmulas universales.
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No hay patrones exactos.
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Pero sí hay experiencia que evita errores caros.
Por eso, nuestra recomendación es clara:
asesórate siempre con un intermediario especializado antes de embalar, asegurar o enviar una obra.
Porque cuando el daño ya ha ocurrido, muchas veces es demasiado tarde para reaccionar.
















